¿Y de qué tengo que ser salvo?
Antonio Apablaza

Antonio Apablaza

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Alguien podría decir ¿Y de qué tengo que ser salvo? Yo no he hecho mal a nadie. Sin embargo, según la biblia, todo ser humano necesita ser salvo, y esto se debe a que, todos nacemos perdidos en el pecado, aún el niño más inocente, nace contaminado por el pecado. Por ejemplo: A un niño pequeño nadie le enseñó a mentir, sin embargo, si sabe mentir, nadie le enseñó a pelearse con su hermano, sin embargo, sabe hacerlo ¿Cómo es posible? Se supone que el niño aprende mirando. Luego, ese niño crece y va enfrentando otros deseos; envidia, celos, engaños, vicios, etc.

La Sagradas Escritura dicen que Jesús tuvo que venir a salvar a la humanidad, porque todos los seres humanos, se perdieron en delitos y pecados. Efesios 2:1-9 Y Jesús os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. 

El pecado genera muerte, pero el regalo de Dios que es Cristo Jesús, produce vida eterna. 

Romanos 6:23 dice que la paga del pecado es muerte, mientras que el regalo de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor. 

¿Y de qué somos salvos al recibir a Jesús como nuestro Señor y Salvador? 

EN PRIMER LUGAR, SOMOS SALVOS DE NUESTRA VANA MANERA DE VIVIR

El apóstol Pedro dice que hemos recibido de nuestros ancestros un estilo de vida vana, que no agrada a Dios, una vida llena de maldad, vicios, orgullo, mentiras, impurezas sexuales, y toda clase de males, de la cual debemos ser rescatados, por medio del sacrificio de Cristo. 1 Pedro 1:18-19 Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación.

Así que, al entregar nuestra vida a Jesús, somos primeramente rescatados de esa manera vana de vivir, porque comenzamos a caminar conforme a los pasos de Cristo, en justicia, amor, paz, pureza y santidad.

SEGUNDO, SOMOS SALVOS DE LA IRA DE DIOS 

La biblia dice que aquellos que estamos en Cristo, fuimos justificados del pecado, y por lo tanto seremos salvos de la ira de Dios. Romanos 5:9  Estando ya justificados por la sangre de Jesús, seremos salvos de la ira.  

¿Qué ocurrirá cuando sea derramada la ira de Dios?

La profecía del libro de Apocalipsis 16 nos explica que al final de los tiempos, serán derramadas sobre la tierra 7 copas llenas de la ira de Dios, y que ningún ser humano escapará de esta ira, sólo aquellos que fueron salvos por Cristo Jesús, y que no se doblaron ante el sistema de este mundo. Ponga mucha atención a los versículos siguientes: 

Oí una gran voz que decía desde el templo a los siete ángeles: Id y derramad sobre la tierra las siete copas de la ira de Dios. Fue el primero, y derramó su copa sobre la tierra, y vino una úlcera maligna y pestilente sobre los hombres que tenían la marca de la bestia, y que adoraban su imagen. El segundo ángel derramó su copa sobre el mar, y este se convirtió en sangre como de muerto; y murió todo ser vivo que había en el mar. El tercer ángel derramó su copa sobre los ríos, y sobre las fuentes de las aguas, y se convirtieron en sangre. Y oí al ángel de las aguas, que decía: Justo eres tú, oh Señor, el que eres y que eras, el Santo, porque has juzgado estas cosas. Por cuanto derramaron la sangre de los santos y de los profetas, también tú les has dado a beber sangre; pues lo merecen. También oí a otro, que desde el altar decía: Ciertamente, Señor Dios Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos. El cuarto ángel derramó su copa sobre el sol, al cual fue dado quemar a los hombres con fuego. Y los hombres se quemaron con el gran calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene poder sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria. El quinto ángel derramó su copa sobre el trono de la bestia; y su reino se cubrió de tinieblas, y mordían de dolor sus lenguas, y blasfemaron contra el Dios del cielo por sus dolores y por sus úlceras, y no se arrepintieron de sus obras. El sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Éufrates; y el agua de este se secó, para que estuviese preparado el camino a los reyes del oriente. Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas; pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso. He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza. 16 Y los reunió en el lugar que en hebreo se llama Armagedón. El séptimo ángel derramó su copa por el aire; y salió una gran voz del templo del cielo, del trono, diciendo: Hecho está. Entonces hubo relámpagos y voces y truenos, y un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande, cual no lo hubo jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra. Y la gran ciudad fue dividida en tres partes, y las ciudades de las naciones cayeron; y la gran Babilonia vino en memoria delante de Dios, para darle el cáliz del vino del ardor de su ira. Y toda isla huyó, y los montes no fueron hallados. Y cayó del cielo sobre los hombres un enorme granizo como del peso de un talento; y los hombres blasfemaron contra Dios por la plaga del granizo; porque su plaga fue sobremanera grande.

Entonces, cuando le entregamos nuestra vida a Jesús, para caminar como él, somos salvos de la ira de Dios, que vendrá sobre la tierra y todos seres humanos producto del pecado y la maldad. 

TERCERO, Y ÚLTIMO, SOMOS SALVOS DEL INFIERNO 

Muchas personas prefieren creer que el infierno no existe, sin embargo, la biblia menciona claramente que sí existe. Según el libro de apocalipsis, en los cielos hay un libro llamado “El libro de la vida” y que todo aquel que no se halló inscrito en este libro, será condenado a un lago de fuego (Infierno). Apocalipsis 20:15 Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.

El libro de Juan 5:29 indica que aquellos que hicieron lo malo, resucitarán para ser condenados, mientras que aquellos que hicieron lo bueno, resucitarán para vida eterna.

Es decir, todos aquellos que vivieron conforme a los deseos de la carne: Adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas, según Gálatas 5:19-21 no heredarán el Reino de Dios, y serán condenados al infierno.

El libro de Mateo dice que hay un horno de fuego en donde serán echados todos aquellos que hacen iniquidad y que fueron de tropiezo para el prójimo. Mateo 13: 41-42 El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que causan tropiezo y a los que hacen iniquidad, los echarán al horno de fuego; allí será el llanto y el crujir de dientes.

EN CONCLUSIÓN

Todos ser humano necesita salvación de su manera vana de vivir, de la ira de Dios y finalmente del infierno, y esta salvación se logra cuando nos arrepentimos de nuestros pecados, y le entregamos nuestra vida a Jesús, para caminar conforme a sus pasos. Ser Cristiano, significa comportarnos y vivir como Cristo vivió en la tierra.   

Hechos 3:19-20 Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado.

Romanos 10:9-10 Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.

Romanos 8:1-2 Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte.

Colosenses 1:13 El cual nos ha Librado, de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo.

¿Desea usted entregarle su vida a Jesús? Favor, siga la oración de más abajo. 

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Dios mío, me arrepiento de todos mis pecados y te pido perdón. Reconozco que Jesús cargó con mis pecados para morir en la cruz en mi lugar, y que resucitó de entre los muertos para darme vida eterna. Le abro mi corazón para que venga y viva en mí. Declaro que a partir de hoy, me determino a seguir por siempre los pasos de Jesús para ser como él, y cumplir mi propósito de vida en esta tierra. Amén. 

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